Tenencia de animales salvajes y zoonosis: un riesgo pasado por alto para la salud humana, animales domésticos y fauna nativa

El comercio ilegal de fauna constituye un importante problema de conservación para muchas especies. Para hacernos una idea, cada año alrededor de 100 tigres, 30.000 elefantes y más de 1.000 rinocerontes son abatidos de forma ilegal, y se capturan ilegalmente más de 1 millón y medio de aves vivas para su tenencia como mascota. Esto solo representa la cara más visible de esta actividad, el comercio internacional, mientras que lo que sucede a una escala más local pasa mucho más desapercibido. Sin embargo, el comercio local se encuentra muy extendido en algunas zonas del planeta, como en el Neotrópico, donde existe una larga tradición de tenencia de mascotas de origen salvaje, que data de época precolombina (Capriles et al. 2021; Figura 1).

Figura 1. Brotogeris cyanoptera (izquierda) y Brotogeris versicolurus (derecha) expuestos en una tienda de la ciudad de Pucallpa para su venta, Perú. Fotografía de Pedro Romero Vidal.

Si bien se suele poner el foco en los problemas de conservación directos derivados de esta actividad (reducciones de las poblaciones por caza o por sobreexplotación para su comercialización como mascotas), el comercio ilegal de fauna silvestre representa otros riesgos a tener en cuenta, tanto para la fauna nativa como para el ser humano: la potencial transmisión de patógenos zoonóticos. Si pensamos en los riesgos de salud pública, no tenemos que remontarnos muy atrás en el tiempo para ver algunos ejemplos de este tipo de patógenos que han terminado en epidemias, e incluso pandemias. De hecho, se estima que causan la muerte de 2.7 millones de personas anualmente (Gebreyes et al. 2014) y el contexto actual de incremento de la población y su conectividad, así como la incursión humana en hábitats antes prácticamente inaccesibles, están creando las condiciones perfectas para la aparición de nuevos brotes zoonóticos y su transmisión a gran escala (Morse et al. 2012). A esto habría que añadir los impactos negativos a nivel ecológico y socioeconómico que produce la transmisión cruzada de estas enfermedades entre humanos, animales domésticos y fauna salvaje.

Figura 2. Mapa en el que se muestran las localidades (n = 6.606) en las que se registraron animales de compañía salvajes a lo largo de los cerca de 51.000 km de censos realizados en 15 países neotropicales (representados con puntos negros). El fondo del mapa muestra el Producto Interior Bruto per cápita. Figura extraída de Kummu et al. (2017).

Para intentar tener una imagen más clara de la magnitud de la problemática derivada de la tenencia ilegal de fauna salvaje como mascota, un equipo internacional de investigadores realizamos un muestreo en el Neotrópico durante 13 años, cubriendo 15 países y recorriendo alrededor de 51.000 km (Figura 2). En total, encontramos alrededor de 10.000 ejemplares de fauna salvaje de 274 especies nativas en más de 6.500 viviendas (Figura 3). De hecho, encontramos este tipo de mascotas en el 95% de las localidades visitadas. La mayor parte de estas mascotas fueron capturadas por sus propietarios, o compradas localmente, por lo que pasan desapercibidas en las estadísticas globales. Esto último es bastante significativo, ya que la práctica totalidad de estudios previos sobre este tema se basaban en datos de mercados de fauna, y hemos comprobado que los mercados podrían representar menos de un 2% del volumen total de comercio local. E igualmente preocupante es que la mayoría de estas mascotas viven entre 1 y 2 años (para hacernos una idea de la importancia de este dato, la mayoría de las especies encontradas pertenecen al orden de los loros, y muchas especies pueden vivir 60 o más), y esto implica que existe una extracción casi constante para reemplazar las mascotas perdidas o que han muerto.

Figura 3. Ejemplos de mascotas salvajes encontradas: (a) Grupo de Psittacara erythrogenys adultas atrapadas con redes en maizales de Ecuador y luego guardadas juntas en una jaula para su venta. (b) Grupo de Forpus coelestis capturados ilegalmente de adultos para ser vendidos y almacenados con la especie exótica Melopsittacus undulatus en Perú. (c) Especie autóctona Brotogeris versicolurus mantenida como mascota en Ecuador en la misma jaula con la especie exótica Melopsittacus undulatus. (d) Varios Brotogeris cyanoptera y un Aratinga weddellii en exposición para ser vendidos en el mercado de Atalaya, Perú. (e) Dos Amazona ochrocephala expuestas en un bar en Colombia, en contacto con alimentos humanos y aves de corral. (f) Joven individuo de Lagothrix cana con su propietario en Atalaya, Perú. (g) Dos individuos de Myoprocta acouchy mantenidos en una casa como mascotas en Surinam. Fotografías tomadas durante el estudio.

Estas mascotas conviven en estrecho contacto con humanos y animales domésticos, compartiendo los espacios de la casa e incluso la comida con sus propietarios, lo que nos da una pista de los problemas a nivel sanitario (Figura 4). De hecho, de las mascotas que los propietarios nos especificaron que habían muerto de una causa conocida, alrededor del 50% se debía (según los propietarios) a que dichas mascotas estaban enfermas. Si bien es cierto que la mayor parte de las mascotas encontradas correspondían al orden de los loros, y que hasta la fecha no es considerado un grupo de alto riesgo en cuanto a la transmisión de zoonosis, ya se conocen algunas enfermedades transmitidas a personas (y especialmente a animales domésticos) como el caso de la psitacosis. Y que aproximadamente la mitad de las mascotas que mueren pudiera ser debido a enfermedad, debería hacer saltar todas las alarmas. Otro aspecto a tener en cuenta es que, el hecho de que no sean transmisoras de enfermedades con alto riesgo hasta ahora no significa que no puedan hacerlo en el futuro (sin ir más lejos pensemos en la gripe aviar), además de que un porcentaje de las especies encontradas en las casas (como monos o roedores) si son transmisoras de enfermedades de alto riesgo en humanos (Olival et al. 2017), causando epidemias de gravedad tanto en el pasado como en la actualidad.

Figura 4. Pollos recién extraídos de un nido del loro Brotogeris cyanoptera para venderlos en la ciudad de Atalaya, Perú. Fotografía de Pedro Romero Vidal.

Quitando el foco del riesgo para la salud humana, no se debería obviar que la tradición de tener loros de origen salvaje como mascota también puede ocasionar problemas de conservación importantes para las especies nativas debido a la transmisión cruzada de enfermedades. Al estar estos individuos de origen salvaje en contacto con gallinas (Figura 3e), e incluso con otros loros exóticos, se pueden contagiar de enfermedades ausentes en las poblaciones salvajes y transmitirlas a estas poblaciones al escaparse, cosa que ocurre habitualmente (Thompson et al. 2010). Por ejemplo, las gallinas son reservorios de ciertos patógenos, incluyendo la enfermedad de Newcastle, la gripe aviar o el circovirus, que constituyen una amenaza muy seria para muchas especies de aves. Por otra parte, algunas de estas mascotas salvajes provienen de áreas remotas (siendo encontradas a más de 1.000 km en línea recta de sus áreas de distribución) y otras han sido transportadas de contrabando a otros países de la región, por lo que esta actividad puede contribuir a la propagación de enfermedades como la malaria aviar y la enfermedad de Newcastle a zonas donde estaban ausentes hasta el momento. Por último, estas mascotas de origen salvaje se pueden ver expuestas a patógenos de mascotas de origen exótico comercializadas desde otros continentes, coincidiendo en casas o mercados de fauna (Figura 3b, 3c). Y, aunque las mascotas exóticas representen un pequeño porcentaje del total registrado en nuestros muestreos, su número está aumentando en las últimas décadas. Estos individuos criados en cautividad pueden portar enfermedades que están ausentes en las poblaciones nativas neotropicales, existiendo el riesgo incluso de recombinación de ciertos virus (por ejemplo, circovirus, gripe aviar, coronavirus), con la amenaza que podría representar para las poblaciones nativas.

Figura 5. Psittacara mitratus capturada de pollo del nido en los alrededores de Pedro Ruiz, Perú. Fotografía de Pedro Romero Vidal.

Es muy difícil predecir dónde se va a producir un brote de una enfermedad nueva, ya que la distribución geográfica de los reservorios zoonóticos (Morse 1995) sigue siendo en gran parte desconocida. Pero si sabemos que hay regiones del planeta que son puntos calientes de biodiversidad y, por tanto, se esperaría que los patógenos siguiesen el mismo patrón. Por ejemplo, los reservorios mamíferos de enfermedades zoonóticas tienen un punto caliente en el centro de América del Sur (Han et al. 2016), un área que también se piensa que podría albergar el mayor número de especies de parásitos de primates no descubiertas (Stephens et al. 2016). Estas áreas, que coinciden en su mayoría con zonas tropicales, son zonas en las que la población humana está experimentando un gran crecimiento tanto poblacional como de infraestructuras, aumentando la conectividad entre áreas remotas y grandes ciudades. Teniendo en cuenta la tradición generalizada de mantener animales silvestres como mascotas en el Neotrópico, el aumento de la población humana conduciría por sí mismo a un mayor número de mascotas salvajes y, por lo tanto, a una mayor probabilidad de contacto prolongado entre la vida silvestre (potencialmente rica en patógenos y parásitos) y los humanos (Figura 5). Esto combinado con el desarrollo de redes de carreteras que facilitan la comunicación entre áreas antes remotas y grandes ciudades puede permitir el rápido movimiento de animales o humanos infectados, lo que representa un riesgo significativo para la propagación de enfermedades.

No existe una solución sencilla, debido principalmente al arraigo cultural y las limitaciones económicas en muchas de estas zonas para hacer cumplir la legislación ya vigente que prohíbe el comercio de fauna nativa (Romero-Vidal et al. 2022). No obstante, deberían aplicarse medidas preventivas centradas en dos puntos clave: desalentar la tenencia de animales salvajes y aumentar la vigilancia sanitaria para una detección precoz y control de brotes emergentes en humanos o animales. Creemos que no hace falta retroceder mucho para ver las consecuencias que esto podría acarrear.


Autor:
Pedro Romero Vidal

Investigador posdoctoral en la Universidad Pablo de Olavide (UPO), Sevilla.


Referencias:
1. Capriles J.M., Santoro C.M., George R.J., Flores-Bedregal E., Kennett D.J., Kistler L. & Rothhammer F. (2021). Pre-Columbian transregional captive rearing of Amazonian parrots in the Atacama desert. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America 118: e2020020118. Doi: 10.1073/pnas.2020020118.
2. Gebreyes W.A., Dupouy-Camet J., Newport M.J., Oliveira C.J.B., Schlesinger L.S., Saif Y.M., Kariuki S., Saif L.J., Saville W., Wittum T., Hoet A., Quessy S., Kazwala R., Tekola B., Shryock T., Bisesi M., Patchanee P., Boonmar S. & King L.J. (2014). The global one health paradigm: challenges and opportunities for tackling infectious diseases at the human, animal, and environment Interface in low-resource settings. PLoS Neglected Tropical Diseases 8: e3257. Doi: 10.1371/journal.pntd.0003257.
3. Morse S.S., Mazet J.A.K., Woolhouse M., Parrish C.R., Carroll D., Karesh W.B., Zambrana-Torrelio C., Lipkin W.I. & Daszak P. (2012). Prediction and prevention of the next pandemic zoonosis. Lancet 380: 1956–1965. Doi: 10.1016/S0140-6736(12)61684-5.
4. Olival K., Hosseini P., Zambrana-Torrelio C., Ross N., Bogich T.L. & Daszak P. (2017). Host and viral traits predict zoonotic spillover from mammals. Nature 546: 646–650. Doi: 10.1038/nature22975.
5. Thompson R.C.A., Lymbery A.J. & Smith A. (2010). Parasites, emerging disease and wildlife conservation. International Journal for Parasitology 40: 1163–1170. Doi: 10.1016/j.ijpara.2010.04.009.
6. Han B.A., Kramer A.M. & Drake J.M. (2016). Global patterns of zoonotic disease in mammals. Trends in Parasitology 32: 565–577. Doi: 10.1016/j.pt.2016.04.007.
7. Stephens P.R., Altizer S., Smith K.F., Alonso-Aguirre A., Brown J.H., Budischak S.A., Byers J.E., Dallas T.A., Jonathan-Davies T., Drake J.M., Ezenwa V.O., Farrell M.J., Gittleman J.L., Han B.A., Huang S., Hutchinson R.A., Johnson P., Nunn C.L., Onstad D… Poulin R. (2016). The macroecology of infectious diseases: A new perspective on global-scale drivers of pathogen distributions and impacts. Ecology Letters 19: 1159–1171. Doi: 10.1111/ele.12644.
8. Romero-Vidal P., Carrete M., Hiraldo F., Blanco G. & Tella J.L. (2022). Confounding rules Can hinder conservation: disparities in law regulation on domestic and international parrot trade within and among neotropical countries. Animals 12: 1244. Doi: 10.3390/ani12101244.

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