Ahí están, tan calladitos, plantados en mitad del campo, extendiendo sus ramas al viento y al sol para pescarlos con sus anzuelos de clorofila. No se mueven, son muy viejos, han visto mucho y guardan muchos secretos. No me refiero a los que la gente les cuenta para desahogarse, como nos narran tantos cuentos populares...
