Los ritmos circadianos, es decir, aquellos procesos que se desarrollan de forma cíclica durante las 24 horas del día, suelen jugar un papel muy importante en las interacciones planta-animal. Por ejemplo, que las flores se abran durante el día o la noche, determinará que la planta interaccione con polinizadores diurnos (moscas, abejas) o nocturnos (polillas). Durante los últimos 20–30 años...
