¿Por qué no introducir bisontes en la Península Ibérica?

El Bisonte europeo (Bison bonasus) estuvo a punto de extinguirse, principalmente, por una excesiva presión cinegética y la expansión de las actividades agrarias (Plumb et al. 2020). Afortunadamente, el trabajo de numerosas personas ha permitido su recuperación encontrándose hoy en día clasificado como Casi Amenazado por la IUCN y con una tendencia poblacional en aumento (Plumb et al. 2020). Actualmente, en torno a 10.000 individuos vuelven a caminar en Europa, con más de 7.000 ejemplares estando libres en 11 países (EBPB 2021; Plumb et al. 2020). Sin duda es un éxito de conservación por el que nos debemos de alegrar. No obstante, presenta nuevos retos asociados a su recuperación, que está lejos de ser completa. Pues es necesario que se den una serie de condiciones para que la especie se considere en estado de conservación favorable (Epstein et al. 2016). Esto es, cuando los datos de la dinámica de sus poblaciones indiquen que la especie sigue y puede seguir constituyendo a largo plazo un elemento vital de los hábitats naturales a los que pertenece, y su área de distribución natural no se esté reduciendo ni amenace con reducirse en un futuro previsible, y exista, y probablemente siga existiendo, un hábitat de extensión suficiente para mantener sus poblaciones a largo plazo (Art 1.i. Directiva 92/43/CEE).

De cara a su completa recuperación, es crucial tener en cuenta cuáles han sido sus hábitats y distribución naturales. Además, legalmente, esto ha de tenerse en cuenta a partir de la información histórica disponible. En España, por ejemplo, por histórica se refiere a que existan referencias escritas fidedignas sobre la existencia de una especie (Art. 55 Ley 42/2007). También, es importante tener en cuenta que las administraciones españolas no están obligadas a restablecer las poblaciones de especies autóctonas extinguidas, sino que es una recomendación para que puedan hacerlo (Art. 22.a. Directiva 92/43/CEE; Art. 55 Ley 42/2007). Todo esto viene al caso porque es la base legal mínima a tener en cuenta para considerar la presencia del bisonte europeo en España, dada la propuesta formal que se hizo para incluirla en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (Nores et al. 2024; RD 139/2011). Propuesta que nosotros utilizamos para reflexionar sobre la reintroducción, o introducción, de especies con una perspectiva interdisciplinar (ecológica, biogeográfica, de conservación y legal; Nores et al. 2024).

La información disponible sobre la distribución del bisonte europeo en el pasado indica que los cambios climáticos han influido, coincidiendo su expansión con fases más frías y húmedas de la circulación atmosférica del Atlántico Norte (Massilani et al. 2016; Llamas et al. 2025). Pero nunca se han encontrado ejemplares de bisontes europeos actuales en los refugios glaciares tradicionales del sur (Sommer y Nadachowski 2006), y la Península Ibérica no se considera un área adecuada para el bisonte europeo bajo diferentes escenarios de modelización (Pilowsky et al. 2023). El hecho de que recientemente se haya encontrado ADN sedimentario de bisonte en Cantabria, sin proporcionar detalles sobre el clado/subclado o especie, o un esqueleto de bisonte completo en Navarra de hace 4.000 años (Gobierno de Navarra 2026) no altera lo dicho, a falta de su identificación formal; ya que el clado/subclado o especie de bisonte al que pertenecen estos restos (algunos de los cuales se han extinguido) debe confirmarse mediante análisis genético. La evidencia acumulada sobre la ausencia del bisonte europeo actual en yacimientos paleontológicos ibéricos (Arribas 2004) sugiere que el descubrimiento de Navarra se limitaría a una zona reducida del norte de España, a tan solo 50 km de la frontera francesa en los Pirineos. Probablemente, asociado a las fases frías y húmedas indicadas y a su paso desde el sur de Francia por la zona de lo que hoy es Irún a la Península Ibérica (Nores et al. 2026a).

Aun así, de ser identificado como un bisonte europeo actual no se consideraría evidencia histórica de su presencia en la Península Ibérica. Por lo que no tendría una base legal para considerarse como especie candidata a reintroducción en España. Es más, desde una perspectiva ecológica, la (re)introducción del bisonte europeo no recuperaría una función ecológica perdida. Pues, como herbívoro, se trata de un consumidor intermedio, ya que tanto ramonea como pasta (Hoffman 1989). Esta función ya la cumplen herbívoros presentes actualmente en la Península Ibérica, como el ciervo (Cervus elaphus), el gamo (Dama dama) o la cabra montesa (Capra pyrenaica). Es más, en los ecosistemas mediterráneos, el ciervo ramonea plantas leñosas con mayor intensidad que el bisonte europeo (Bartolomé Filella et al. 2024). Por lo tanto, tampoco tiene sentido esgrimir la necesidad de su introducción para recuperar una función ecológica perdida como marcan las directrices establecidas (IUCN/SSC 2013). Menor sentido aún tiene si se consideran los escenarios de cambio climático en la Península Ibérica (Paniagua et al. 2019). Las tendencias climáticas actuales y previstas muestran un aumento constante de la temperatura y una disminución de las precipitaciones (IPCC 2023; AEMET 2025). Condiciones que para nada indican que coincidan con las que en el pasado promovieron la expansión de su distribución en Europa (Massilani et al. 2016; Llamas et al. 2026).

El fenómeno rewilding tiene un fuerte apoyo y es muy seductor. Ha conseguido algo que iniciativas clásicas de conservación o la restauración ecológica no han conseguido. Por eso es tan importante que se haga de la forma más rigurosa posible. En este sentido, la mayoría de los proyectos de reintroducción de especies silvestres en Europa, como los que utilizan bisontes europeos, siguen estando vallados (Pettorelli et al. 2018). Esto limita la restauración de las funciones ecológicas y los procesos asociados a estas especies, lo que a su vez va en contra de los principios fundamentales del rewilding (Navarro et al. 2019). Paradójicamente, esto podría propiciar intervenciones de conservación artificiales, como la conectividad asistida y la alimentación suplementaria. Un rewilding en torno a los grandes herbívoros debería estar dirigido a restaurar su conectividad ecológica a diferentes escalas (Bluhm et al. 2025), lo que implica necesariamente hacer permeables las infraestructuras lineales para estas especies (Nores et al. 2026b). Especialmente, teniendo en cuenta que casi la mitad de los ungulados silvestres son migratorios (Abraham et al. 2022). Más aún en el caso del bisonte europeo, puesto que sus poblaciones se encuentran muy fragmentadas y realiza movimientos parcialmente migratorios estacionalmente (Plumb et al. 2020; Kowalczyk et al. 2013; Perzanowski et al. 2019). Lo más lógico sería priorizar la conexión entre las poblaciones del centro y este de Europa, donde tienen las mejores perspectivas de supervivencia, antes que introducir individuos fuera de su área de distribución natural.

Nuestra compleja y extensa red de vías pecuarias, probablemente vinculada a las antiguas rutas migratorias de ungulados silvestres en la Península Ibérica (Fernández-García et al. 2024; García-Fernández et al. 2019; Ruiz y Ruiz 1986), ofrece un ejemplo ilustrativo de conectividad a gran escala. Esta antigua red, que supone casi el 1% de la España continental, fue fundamental para el desarrollo de la Estrategia Estatal de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas (MITERD 2024), y podría servir de inspiración para adoptar estrategias similares que permitan restaurar los movimientos estacionales y migratorios de los grandes ungulados silvestres en toda Europa (Nores et al. 2026b).

La recuperación de poblaciones funcionales de grandes mamíferos, y de sus procesos ecológicos asociados, requiere conciencia de ello y voluntad política para restablecer la conectividad ecológica a gran escala. Para ello, tenemos que aprovechar las posibilidades que ofrecen el nuevo Marco Mundial de Biodiversidad (CDB 2022) y el Reglamento de Restauración de la Naturaleza (UE 2024), que incluyen la conectividad ecológica como elemento central. Por último, nos gustaría dejar claro que no nos oponemos a la recuperación del bisonte europeo, pero, dado lo expuesto, consideramos que esta responsabilidad recae en los países que comparten su hábitat natural, lo cual no es el caso de ningún país con un ambiente mediterráneo.


Autores:
Carlos Nores1, Alberto Navarro2 y José Vicente López Bao2

1 INDUROT, Universidad de Oviedo
2 Instituto Mixto de Investigación en Biodiversidad (CSIC-Universidad de Oviedo-Principado de Asturias)


Referencias:
1. Abraham, J. O. et al. (2022). Evolutionary causes and consequences of ungulate migration. Nature Ecology & Evolution 6: 998-1006.
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3. Arribas, O. (2004). Fauna y paisaje de los Pirineos en la Era Glaciar. Lynx edicions. 540 págs.
4. Bartolomé Filella, J. et al. (2024). Diet comparison between sympatric European bison, red deer and fallow deer in a Mediterranean landscape. Biodiversity and Conservation 33: 1775-1791.
5. Bluhm, H. et al. (2025). Establishing viable European bison metapopulations in Central Europe. Biological Conservation 305: 111074.
6. Convenio sobre la Diversidad Biológica (2022). Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal. CBD/COP/DEC/15/4. https://www.cbd.int/doc/decisions/cop-15/cop-15-dec-04-es.pdf [Acceso 30 abril 2026].
7. EBPB. (2021) European bison pedigree book 2021. Białowieski Park Narodowy. 87 págs.
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9. Fernández-García, M. et al. (2024). Palaeoecology of ungulates in northern Iberia during the late Pleistocene through isotopic analysis of teeth. Biogeosciences 21: 4413-4437.
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11. Gobierno de Navarra (2026). El Gobierno de Navarra anuncia el hallazgo de un esqueleto de bisonte de hace 4.000 años en Urbasa. https://www.navarra.es/es/-/nota-prensa/el-gobierno-de-navarra-anuncia-el-hallazgo-de-un-esqueleto-de-bisonte-de-hace-4-000-anos-en-urbasa [Acceso 30 abril 2026].
12. Hofmann, R. R. (1989). Evolutionary steps of ecophysiological adaptation and diversification of ruminants: a comparative view of their digestive system. Oecologia 78: 443-457.
13. Intergovernmental Panel on Climate Change (2023). En: Core Writing Team, H. Lee y J. Romero (Eds.). Climate change 2023: Synthesis report. Contribution of working groups I, II and III to the sixth assessment report of the intergovernmental panel on climate change (p. 184). IPCC.
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19. Navarro, A., Chapron, G. y López-Bao, J. V. (2019). The CAP does not limit rewilding in Europe. Science, eLetter to: https://doi.org/10.1126/science.aav5570.
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22. Nores, C. et al. (2026b). Improving connectivity is key for restoring large mammals and human safety. A response to “Introducing European bison in Iberia: Road safety concerns. A comment to Nores et al., 2024”. Conservation Science & Practice 8: e70261.
23. Paniagua, L. L. et al. (2019). Aridity in the Iberian Peninsula (1960–2017): Distribution, tendencies, and changes. Theoretical and Applied Climatology 138: 811-830.
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25. Pettorelli, N. et al. (2018). Making rewilding fit for policy. Journal of Applied Ecology 55: 1114-1125.
26. Pilowsky, J. et al. (2023). Millennial processes of population decline, range contraction, and near extinction of the European bison. Proceedings of the Royal Society B 290: 20231095.
27. Plumb, G., Kowalczyk, R. y Hernandez-Blanco, J.A. (2020). Bison bonasusThe IUCN Red List of Threatened Species: e.T2814A45156279. https://www.iucnredlist.org/species/2814/45156279 [Acceso 30 abril 2026].
28. Ruiz, M. y Ruiz, J. P. (1986). Ecological history of transhumance in Spain. Biological Conservation 37: 73-86.
29. Sommer, R. S. y Nadachowski, A. (2006). Glacial refugia of mammals in Europe: Evidence from fossil records. Mammal Review 36: 251-265.
30. Unión Europea (2024). Reglamento (UE) 2024/1991 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 24 de junio de 2024, relativo a la restauración de la naturaleza y por el que se modifica el Reglamento (UE) 2022/869. https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2024-81191 [Acceso 30 abril 2026].

La fotografía de portada es obra de Alberto Navarro y muestra un grupo de bisontes europeos en San Cebrián de Mudá, Palencia, en la Reserva y Centro de Interpretación del bisonte europeo.

Un comentario en “¿Por qué no introducir bisontes en la Península Ibérica?

  1. El debate sobre el bisonte europeo en la Península Ibérica merece una discusión abierta y basada en las mejores evidencias disponibles.

    Sin embargo, me llama la atención que este artículo siga presentando como prácticamente resueltas varias cuestiones que, a día de hoy, ya no lo están.

    En primer lugar, el reciente hallazgo en Navarra de un esqueleto de bisonte datado en torno a 4.000 años antes del presente constituye una de las novedades más relevantes de los últimos años para reconstruir la historia del género Bison en la Península Ibérica. Aunque la atribución específica (Bison bonasus o un linaje estrechamente relacionado) continúa investigándose, la presencia de bisontes en la Península durante el Holoceno ya no puede descartarse como una mera hipótesis. Pero resulta especialmente llamativo en este artículo que el hallazgo navarro se interprete inmediatamente mediante una cadena de hipótesis —que podría tratarse de otro linaje, que su distribución habría estado restringida al extremo norte y que habría correspondido únicamente a ejemplares procedentes del sur de Francia— cuando ninguna de esas posibilidades ha sido demostrada. En paleontología, un fósil constituye una evidencia positiva de presencia; las explicaciones sobre el origen, extensión o tamaño de las poblaciones deben construirse posteriormente a partir de nuevos datos, no utilizarse para restar valor al propio hallazgo.

    Pero, además, el debate científico no gira únicamente en torno a la historia biogeográfica de la especie. También debe considerar la evidencia acumulada sobre el papel funcional que los grandes herbívoros pueden desempeñar en ecosistemas sometidos al abandono rural, la expansión del matorral y el incremento del riesgo de grandes incendios. Reducir esta discusión a una cuestión de «nativo» frente a «exótico» simplifica excesivamente un problema ecológico mucho más complejo.

    La ciencia avanza incorporando nuevas evidencias. La cuestión ya no es si una hipótesis era razonable con la información disponible hace unos años, sino si puede seguir defendiéndose sin cambios cuando aparecen nuevos datos que obligan a reconsiderarla. Ese es, precisamente, el fundamento del método científico.

    Ojalá el debate sobre el posible papel del bisonte europeo en determinados paisajes ibéricos continúe desarrollándose desde esa perspectiva: con nuevos datos, menos afirmaciones categóricas y una evaluación rigurosa tanto de los posibles beneficios como de los riesgos.

    Para quienes deseen profundizar en este debate, recientemente se ha publicado en Conservation Science and Practice un intercambio científico que aborda precisamente estas cuestiones desde diferentes perspectivas:

    Nores, Alvarez-Lao, Navarro et al. 2024. Conservation Science and Practice: e13221.
    Bartolomé, Cassinello, Ceacero et al. 2026. Conservation Science and Practice: e70132.

    Jorge Cassinello
    Estación Experimental de Zonas Áridas
    Consejo Superior de Investigaciones Científicas

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